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Politóloga, Abogada y Diploma de Honor (UBA). Diplomada en "Human Rights and International Humanitarian Law" en la AMERICAN UNIVERSITY WASHINGTON COLLEGE OF LAW AND NETHERLANDS INSTITUTE OF HUMAN RIGHTS. Consultora del PNUD ARG 97/50. Participo en más de 30 eventos académicos vinculados a la temática penal y criminológica, exponiendo –entre otros-en el XII CONGRESO NACIONAL DE DERECHO PENAL Y CRIMINOLOGÍA, Buenos Aires, Argentina,2005 y el CONGRESO NACIONAL DE CRIMINOLOGÍA,Buenos Aires, Argentina,2007. Es autora del libro "Realidad Carcelaria y Medios Alternativos a la Prisión", El Caso Argentino a la luz del Derecho Internacional de los Derechos Humanos y las Ultimas Reformas Legislativas", Windmills Editions, California, USA, 2013. También de 10 publicaciones,en diferentes diarios y revistas argentinas. Asimismo es coautora de los siguientes libros: “Código Procesal Penal de la CABA. Comentado y Concordado”, Editorial Lajouane, BS. As., Argentina, 2008 y “Lecciones Preliminares de Derecho Penal y Procesal Penal", Editorial Lajouane, Bs. As., Argentina, 2010.

jueves, 4 de agosto de 2011

UNA APROXIMACIÓN A LA CRITICA DEL ABOLICIONISMO. Autora: Dra. Patricia A. Taus.


Los abolicionistas conforman una corriente de opinión que plantea la abolición de la cárcel y el reemplazo del modelo. Desde 1966 existen en los países escandinavos numerosos grupos que luchan por los derechos de los detenidos y por la abolición progresiva de la cárcel. Se proponen como medios para destruir al sistema penitenciario el desarrollo del sindicalismo entre los internos y la utilización de la huelga de hambre. Podemos mencionar como autores de este movimiento, entre otros, a Louk Hulsman; Nils Christie , Heinz Steinert, y Kart Schumann

Considero que no logran dar respuesta a varios interrogantes, por lo cual pretendo realizar una aproximación crítica.

Para los abolicionistas, los términos usados por el sistema penal no resultan convenientes para dar una solución a la “criminalidad”. Por ello el sistema de naturaleza no-penal que proponen debe abandonar el lenguaje hasta ahora usado y elaborado por él. En ésta perspectiva antes que de “delito” se debe hablar de actos lamentables, de abusos, de ofensas, de situaciones problemáticas; y en lugar de delincuente, lo cual estigmatiza y excluye, se debería hablar de personas implicadas, de protagonistas. Tampoco convendría utilizar los conceptos “culpa” o “culpable” por tener un alto contenido moral. Estos términos deberían ser sustituidos por otros que se utilizan en diferentes ámbitos de las relaciones sociales y en sociedades antiguas, como deuda, obligación, error, deudor, etc. Asimismo, en lugar de castigo o pena que expresan violencia entre los hombres, se debe hablar de penitencia o reparación para darle un sentido más humanitario. “De ésta manera, los códigos no serían un sistema rígido y estructurado de sanciones, sino una lista de “indicaciones útiles”, no obligatorias”.[1]

La corriente abolicionista desconoce que detrás de las acciones humanas hay más que un problema de voluntad; se olvidan que las sociedades están regidas por una serie de valores y de normas jurídicas no sólo penales mucho más fuertes que la “cándida naturaleza del ser humano” que determina la acción de los hombres, entre otras, a saber: el régimen autorizado de la relación con los medios de producción, las relaciones internacionales entre imperios y colonias determinan que el hombre actúe bajo orientaciones específicas: obtener ganancias, triunfar sobre el más débil, o en el otro extremo, dejar de lado sus opiniones para sobrevivir. Todo esto hace que las acciones sean más complejas: por ello se mata para “defender instituciones”, se violan derechos laborales para obtener más ganancias, se invaden naciones para proteger inversiones extranjeras, etc. Por ello, “...resultan ingenuas las prédicas, no mate, no robe, no invada, como sería el código abolicionista, mientras queden intactas las estructuras económicas y políticas que lo permiten y lo fomentan”.[2]

Este movimiento tiene un modelo de sociedad postindustrializada, donde los hombres se han vuelto anónimos, desconfiados , aislados, y en donde el estado ha centralizado todo, despersonalizando sus relaciones. Por lo tanto, proponen regresar a los valores de las sociedades primitivas. Según el más extremo de los abolicionistas, Louk Hulsman “...se considera ...a las sociedades llamadas primitivas como si fueran subcivilizaciones.... Así, en lugar de mirarlas con conmiseración y de tratar de hacerlas entrar en nuestros sistemas, podríamos aprender o reaprender de ellas ciertas dimensiones de la convivencia”.[3]

Al mismo tiempo, consideran que las sociedades industrializadas han llegado a un estadio de suficiente madurez que les permite arreglar sus disputas sin autoridades. Sin embargo, y a pesar de ello, sólo las clases bajas seguirán creyendo en el sistema punitivo debido a que han sido educadas con esa falsa ilusión, mientras que los sectores sociales privilegiados tendrán mejores posibilidades de arreglar sus disputas extrapenalmente. Por esta razón proponen una justicia comunitaria con las siguientes características: no estatal, consensual, informal, no profesional, colectiva y sumónica ( en donde los participantes se ocupan de sus problemas con las reglas establecidas por ellos mismos; y en donde las normas cumplirán efectivamente sus funciones).

Los ejemplos de “justicia comunitaria” o “popular” se han practicado, no sólo en Europa, sino también en Latinoamérica, y a dichas experiencias recurren los abolicionistas para demostrar que la propuesta que formulan es realista. Sin embargo podemos decir que todas las experiencias han fracasado debido a que no se puede tomar el sistema penal oficial independientemente de las estructuras económicas y el poder político. Con lo cual todas las experiencias han sido esporádicas y ha existido simultáneamente el sistema oficial, por esto han terminado absorbidas por él. Además han funcionado sólo en pequeños círculos donde las personas se encuentran sumergidas en la miseria o la marginación cultural, o sea, donde la sociedad es más o menos homogénea.. A continuación describiremos las diversas experiencias:

1)      La “Asociación de Residentes” en las Favelas de Río de Janeiro, Brasil: Esta asociación se constituyó en 1966, y solucionaba disputas al margen del sistema legal oficial; ejercía funciones notariales, promovía acuerdos civiles, y trataba los problemas no penales entre los residentes. Sin embargo en asuntos civiles se respetaba la propiedad privada, o sea, se orientaba por los principios de la legislación oficial fuera de la favela. .

2)      “Cortes de vecinos” en Chile: Fueron creadas de 1970 a 1973 por el MIR y la UP. Daban soluciones a los problemas penales. A modo de ejemplo podemos decir que el autor de un hurto debía devolver el objeto robado;  y también se expulsaba de la comunidad al autor de una falta grave. Hay que tener presente que utilizó conceptos del sistema penal vigente, como delincuente, malo, etc.; y funcionó a causa del poder alternativo que se estaba gestando con la movilización popular y la dirección de los partidos de izquierda. Esta “justicia de los vecinos” duró igual período que los movimientos sociales y políticos que hicieron posible el gobierno de Allende.

3)      La justicia de la comunidad Guajira (Colombia y Venezuela): En ésta comunidad con la aparición de la propiedad privada se pone en práctica el sistema de compensación para evitar conflictos y aparece el “mediador” que debe ser elegido entre personas del mismo nivel de los implicados. Esto produjo que los hombres bilingües y mestizos se hayan beneficiado al cumplir el papel de mediadores entre la sociedad tradicional y la occidental. Estas mismas personas tienen la posibilidad de recurrir a la justicia tradicional, al sistema occidental o a ambos de acuerdo a sus preferencias y ventajas.

4)      “Revolución de los Claveles” Portugal, 1974-1975: La creación de “cortes populares” en el interior de las FFAA para juzgar a los jefes militares fascistas o autoritarios operaban paralelamente al sistema judicial oficial. Sólo fue posible durante la revolución de los claveles, o sea, la “justicia alternativa” funcionó mientras hubo “dualidad de poder”, pero al consolidarse éste ella desapareció.

5)      Christianía en Dinamarca: A fines de l960’ ésta era una sociedad de pobres . El control social era ejercido por la comunidad misma: existían comités que trazaban la disciplina a seguir en ella, el estilo de vida; y su reducida extensión permitía una vigilancia continua y recíproca entre sus miembros..Esta experiencia de “justicia comunitaria” fue posible debido a la homogeneidad de la sociedad, pero duró poco tiempo, ya que, al igual que el resto de las experiencias, fue vulnerable a las reglas y decisiones del mundo exterior.

6)      Comité de Vecinos o Ciudadanos en EEUU: Este sistema se utiliza en sendos estados de los EEUU. Es muy conocido el caso de San Francisco, en donde las personas implicadas en un conflicto, generalmente vecinos o conocidos, concurren voluntariamente a resolver sus diferencias antes de que éstas asuman la calidad de “delito” y antes de recurrir a las autoridades oficiales.

 Por otra parte, estimo que el abolicionismo no tiene en cuenta las grandes diferencias que pueden existir entre víctimas y victimarios, como ejemplo puedo citar los delitos financieros en donde el acusado es un delincuente de “cuello blanco”, especializado en complicadas operaciones contables, mientras que las víctimas son humildes e ignorantes usuarios de las instituciones bancarias: aquí la confrontación entre el autor y la víctima depara ventajas para el primero, pues la víctima sólo sabe cuánto sacrificio realizó para acumular sus ahorros y cuán grande era la esperanza de contar con ellos en el momento necesario.

Además, en cualquier estado del mundo pueden surgir inconvenientes en un enfrentamiento “cara a cara”, a saber: las diferencias de clases pueden crear barreras sensitivas; no existe un solo concepto de “bueno” y “malo” ya que cada parte define la situación según el sitio que ocupa; muchas víctimas están interesadas en preservar su emoción negativa; existen muchas compañias de seguros que cubren las consecuencias de los “delitos” con lo cual la víctima puede llegar a no querer conocer a su agresor.

Asimismo, observo que ésta corriente es pobre en cuanto a planteamientos teóricos concernientes al derecho penal sustancial y procedimental. Su propuesta de compensación está formulada en enunciados generales, pero no logro determinar como medir, según ella, los perjuicios morales o materiales ni como indemnizarlos. Tampoco explica que instrumento utilizará para hacer que la compensación se haga efectiva una vez que sea impuesta, si tenemos en cuenta que ninguno de los implicados tiene autoridad sobre los demás. “La repuesta compensatoria parece muy obvia por ejemplo para los llamados delitos de resultado más no para los de mero peligro, tampoco...se ha establecido si la responsabilidad es objetiva o si debemos atenernos a las formas de culpabilidad establecidas en los códigos actuales”.[4]

Sería dable que objetemos la inaplicabilidad de la “compensación” en delitos o situaciones en las cuales el implicado no posee recursos económicos para hacerse cargo de los perjuicios ocasionados. Sabemos que en la experiencia de los países Latinoamericanos la mayoría de las víctimas y los autores de delitos pertenecen a sectores sociales desposeídas. Esta realidad imposibilita, en la mayoría de los casos, indemnizar voluntariamente, de tal forma que la víctima seguirá igualmente desprotegida si no llamamos a responder al Estado y a las estructuras sociales que engendran las situaciones negativas o conflictos.

En relación a la supuesta reconciliación entre víctima y victimario considero que parte de presupuestos ilusorios en relación con la naturaleza humana, ya que concibe a los individuos como sujetos privados de pasiones; y tienen una imagen idealista de las relaciones sociales.

Por último, resulta importante recordar que los abolicionistas, con excepción de Nils Christie, no aceptan las medidas alternativas a la prisión por considerar que son un instrumento de relegitimación de la cárcel y del sistema penal. Según Mathiesen “...tales “alternativas” no son alternativas reales a la prisión; más bien ellas se han convertido en adiciones a la prisión”[5]

A modo de conclusión estimo que la abolición de la prisión requeriría de una profunda modificación desde sus bases de las estructuras sociales existentes. Sin embargo en la realidad de nuestro país podemos observar que existe “...una catarata de exigencias sobre el derecho penal dirigidas en sentido contrario, esto es: reclamo de más cárcel a los delincuentes, no excarcelación, nada de salidas, nada de libertad, purga en detención de la totalidad de la condena”.[6]





[1] Bianchi, Herman, “Alternativen Zum Strafrecht”, Ámsterdam, 1986, Pág. 31.

[2] Martínez Sánchez, Mauricio, “Alternativas al Sistema Penal en la Corriente Abolicionista” en “Cri8minología y Derecho Penal”, Biblioteca Edino, 1991, Pág.13.
[3] Hulsman, Louk, “Sistema Penal y Seguridad Ciudadana. Hacia una alternativa”, Barcelona, 1984, Pág. 117.
[4] Martínez Sánchez, Mauricio, Op. Cit., Pág. 33.
[5] Mathiesen, Thomas, “The Politics of Abolition”, en “Contemporary Crisis”, 1986, Pág. 86.
[6] Pérez Arias, José, en Revista Asociación de Magistrados N°78, Abril 2004, “Fin y justificacióbn de los egresos temporarios y anticipados durante la ejecución de la pena privativa de libertad”, Pág. 34.

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