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Politóloga, Abogada y Diploma de Honor (UBA). Diplomada en "Human Rights and International Humanitarian Law" en la AMERICAN UNIVERSITY WASHINGTON COLLEGE OF LAW AND NETHERLANDS INSTITUTE OF HUMAN RIGHTS. Consultora del PNUD ARG 97/50. Participo en más de 30 eventos académicos vinculados a la temática penal y criminológica, exponiendo –entre otros-en el XII CONGRESO NACIONAL DE DERECHO PENAL Y CRIMINOLOGÍA, Buenos Aires, Argentina,2005 y el CONGRESO NACIONAL DE CRIMINOLOGÍA,Buenos Aires, Argentina,2007. Es autora del libro "Realidad Carcelaria y Medios Alternativos a la Prisión", El Caso Argentino a la luz del Derecho Internacional de los Derechos Humanos y las Ultimas Reformas Legislativas", Windmills Editions, California, USA, 2013. También de 10 publicaciones,en diferentes diarios y revistas argentinas. Asimismo es coautora de los siguientes libros: “Código Procesal Penal de la CABA. Comentado y Concordado”, Editorial Lajouane, BS. As., Argentina, 2008 y “Lecciones Preliminares de Derecho Penal y Procesal Penal", Editorial Lajouane, Bs. As., Argentina, 2010.

sábado, 27 de agosto de 2011

CONSIDERACIONES SOBRE LA DISTINCIÓN POLÍTICA DE DOS TÉRMINOS OPUESTOS: AMIGO-ENEMIGO. Autora: Dra Patricia A.Taus.


No es necesario que el enemigo político sea moralmente malo o estéticamente desagradable, tampoco que aparezca como concurrente económico; es únicamente el distinto, el extranjero con el cuál pueden caber, en caso extremo, conflictos existenciales. En base a lo descripto, no es enemigo el concurrente, el contrincante, el adversario en general o privado, como así tampoco una persona hacia la cuál se experimente antipatía. El enemigo es una totalidad de hombres situada frente a otra análoga que lucha por su existencia según su posibilidad real, es decir, es el enemigo público. Es “hostis” no “inimicus” en sentido lato (Platón, “Politeia”, Libro V, Cap. XVI, Pág. 470).

Por otra parte, el sentido bíblico de la expresión “Amad a vuestros enemigos” (San Matías 5,44 y San Lucas 6,27) no hace referencia al enemigo político, el cuál no tiene porque ser odiado en la esfera privada y personal y, solamente en éste ámbito tiene sentido que se ame a un enemigo, es decir, al adversario. Todo antagonismo confesional, moral, económico, étnico, etc se torna en oposición política cuando se ahonda lo suficiente para agrupar a los hombres en amigos y enemigos.

Avalorando todas las Teorías del Estado y las ideas políticas, en base a la antropología, se las podría clasificar según entienden al Hombre “Bueno por Naturaleza” o Malo por Naturaleza”, sin pretender que ésta  distinción sumaria sea tomada en sentido moral o ético especial. Todos los pensadores políticos coinciden en concebir la naturaleza humana como problemática. Basta recordar a Maquiavelo, Hobbes, Bossuet, Fichte, Maistre, Danoso Cortés, Taine y Hegel. El último autor presenta una definición interesante del enemigo: lo concibe como la diferencia ética (no en sentido moral, sino desde el punto de vista de la vida absoluta en la “eternidad del pueblo”), como algo extraño que debe ser negado en su viviente totalidad. “El enemigo es esa diferencia, puesta en relación, es al mismo tiempo como el contrario del ser de los contrarios, la nada del enemigo, y esta nada, igual por ambas partes, es el peligro de lucha”. ( Hegel, “Wissenschatfliche Behandlungsarten Des Naturrechts”, 1802 , Ed. Lasson, Pág. 383, Glockner, I, Pág.499).

Dichos pensadores políticos parten de la existencialidad concreta de un enemigo posible con lo cuál muestran un realismo de tal naturaleza que puede asustar a los sujetos necesitados de seguridad. Se podría decir que, en general, los hombres aman la ilusión de una quietud sin amenazas y no toleran “pesimistas”.El que tiene interés político en enmascarar las cosas, en velarlas y en nublarlas fácilmente lo consigue. Bastará que difame, en nombre de cualquier “sector autónomo” espiritual, como inmoral, antieconómica, anticientífica y sobre todo –porque esto es lo que importa políticamente- como cosa diabólica y digna de ser combatida, la apreciación clara y la exposición lúcida de los fenómenos y las verdades políticas.

Como manifiesta Schmitt, no existe peor confusión que la que se produce cuando se abusa políticamente de palabras como “derecho” y “paz”, con el propósito de impedir la clara reflexión política, legitimar las aspiraciones políticas propias y descalificar y desmoralizar al adversario. En este sentido Hobbes sostiene que la soberanía del derecho significa la soberanía de aquellos hombres que establecen y manejan las normas jurídicas, que la soberanía de un “orden superior” es una mera frase si  no tiene el sentido político de que hombres determinados, sobre la base de ese orden superior, deban mandar sobre hombres de un “orden inferior”. El pensamiento político es aquí irrefutable, en la independencia y la homogeneidad de su esfera, porque siempre son grupos concretos de hombres los que luchan contra otro grupo concreto de sujetos en nombre del “derecho”, de la “humanidad”, del “orden” o de la “paz”. Y el que observa los fenómenos políticos si quiere continuar pensando políticamente y consecuentemente, bien puede reconocer hasta en la acusación de inmoralidad y de cinismo, un instrumento político de hombres que se encuentran en un combate concreto.

El pensamiento político y el instinto político se acreditan desde el punto de vista teórico y práctico por la facultad de distinguir el amigo del enemigo. La gran política alcanza la cima cuando se acierta al discernir al enemigo con claridad concreta. Pero también a la inversa: siempre en la historia política, tanto interior como exterior, la incapacidad o la aversión a hacer esta distinción aparece como un síntoma de debilidad política.

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